12 Marzo, 2017

DOMINGO II CUARESMA 17 


Queridos hermanos:
En este segundo domingo de Cuaresma, cada comunidad eclesial recuerda, contempla y celebra cumplida en Cristo la alianza de Dios con Abrahán y con todos los que intentan vivir desde la fe, como Abrahán. Hoy, como comunidad de fe, escuchamos la palabra de Dios que nos invita a salir de la propia tierra, del propio mundo, de las propias seguridades, y a ponernos en camino, guiados por la fe, hacia la tierra que el Señor le mostrará.
La oración colecta nos propone limpiar nuestro interior para poder abrirnos a la contemplación de la gloria de Dios. La oración colecta nos invita a la escucha atenta y serena de la Palabra que hoy se dirige a nuestros corazones para que, elevados más allá de nuestras propias seguridades humanas, podamos gozar de la contemplación de la gloria de Dios manifestada en su Hijo amado.
La transfiguración de Jesús nos enseña a poner nuestra esperanza, desde el principio de la cuaresma en la resurrección de Jesucristo, para poder ver con perspectiva, con sentido todas las cosas que traemos entre manos. Para Jesús de Nazaret, la meta a la que le llevó su camino fue la gloria del Padre. Para Abrahán y para nosotros, la meta del camino es Cristo Jesús, el Hijo de Dios, en quien el Padre se complace, y a quien, por eso mismo, nosotros hemos de escuchar, o lo que es lo mismo, imitar o seguir.
En la gloria de Cristo, que se nos manifiesta en el misterio de su transfiguración y a la luz de su resurrección, los creyentes contemplamos la gloria que está reservada a cuantos, como Abrahán, caminan hacia la tierra que el Señor prometió mostrarles.
La visión de la transfiguración revela la presencia misteriosa de la gloria de Dios en la humanidad de Jesús. En Jesús, que camina hacia la muerte, se nos deja ver aquella que ha de ser eternamente la gloria de Cristo resucitado. Es la resurrección la que nos ayuda a ver el sentido de todo lo que acontece en este mundo.
La última etapa del ministerio público de Jesús, en el evangelio de Mateo nos presenta cómo es Mesías Jesús. No por el camino de las grandiosidades, sino de la normalidad de la vida: en el sufrimiento de la pasión y la cruz, y es corroborado por la resurrección. La gloria que los discípulos ven en lo alto de aquel monte  es inseparable de la vida misma de Jesús, de su camino de obediencia al Padre y de su servicio a los hombres, es inseparable de su vida y de su muerte.
La Transfiguración en el monte en presencia de los tres discípulos más cercanos, los tres que lo acompañan en el huerto de Getsemaní, indica que los seguidores de todos los tiempos solo podrán entender plenamente a Jesús como el Mesías después de la experiencia de la Resurrección.
Jesús, el Hijo del hombre que padecerá el sufrimiento en la cruz, lleva a su plenitud la ley y los profetas, representados por Moisés y Elías, presentes en la transfiguración. Viene bien contemplar en su conjunto el camino del seguimiento de Jesús, para poder interpretar todos los acontecimientos desde la meta a la que conduce. Es muy difícil emprender con esperanza la vida del ser humano sin contemplar la gloria de Dios. Esta gloria en Jesucristo se manifiesta en su Resurrección. Esto es lo que se nos pide ver hoy en la transfiguración de Jesús. Jesús, que experimenta la presencia de Dios en el monte, ayuda a los discípulos a escuchar a Dios: "Este es mi Hijo, el amado, en el que me complazco". "Escuchadlo!" Tendremos que escuchar de Jesús no solo su predicación sino su actitud de vida: hacer la voluntad del Padre, cueste lo que cueste.
En la cuaresma, la llamada a la conversión es fundamentalmente a poner los ojos en Jesús para seguirlo con la alegría de la fe. La transformación luminosa de Jesús delante de sus discípulos, ya camino de Jerusalén y de la pasión, nos comunica su estilo de vida, centrada en su obediencia a la voluntad del Padre.
Este camino es imposible realizarlo al margen de la vida real de los hermanos. Si subimos a Dios es para saber bajar hacia los hermanos.
Lo contemplado debe ser llevado a la vida de cada día, de cada hombre. Que en esta cuaresma sepamos subir con Jesús al monte de la transfiguración, para bajar a iluminar la vida.



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